Estos aspectos pueden cambiar con el tiempo de acuerdo a la edad, a las necesidades de cada persona, a la influencia de las personas que nos rodean y a las oportunidades que se van presentando. El cómo se aprende a ser mujeres y hombres también influye en la construcción del proyecto de vida.
En este escenario de cambios, es difícil a veces hacernos las preguntas sobre nuestro futuro y encontrar respuestas que nos dejen tranquilos/as. Por eso vale la pena reflexionar sobre lo que se quiere de sí mismo y de lo que se pretende ser más adelante, es decir, cómo la persona se ve ahora y cómo le gustaría verse en el futuro.
El proyecto de vida que vamos elaborando es una especie de energía que nos moviliza e impulsa hacia la realización de los propios sueños. Cuando lo compartimos con personas en las que tenemos confianza, estas nos pueden ayudar a reflexionar y a encontrar oportunidades y medios para avanzar en el camino que queremos seguir.
Por otra parte, el proyecto de vida personal se relaciona con el proyecto de futuro de la sociedad en que se vive. En general, los y las jóvenes están más abiertos/as a los cambios y promueven conductas innovadoras en sus familias y su grupo social. De ese modo, la gente joven representa lo que la sociedad será mas adelante y el aporte de cada uno es valioso para el conjunto social.

¡Cuántos jóvenes no tienen proyectos de vida claros!...están a la deriva, sin rumbo, y la escuela es un espacio fundamental para marcarles un rumbo y una dirección
ResponderEliminarCoincido plenamente Nadia, la escuela y nosotros docentes poder serles útil como andamiajes. Gracias por tu comentario
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